El cura y el barbero: El cura, que se llama Pedro Pérez, es un gran amigo de don Quijote. Él es graduado de Cigüenza, una observación irónica por la parte de Cervantes en la cualidad baja de su universidad. El barbero, que se llama Maese Nicolás, es otro amigo de don Quijote y casi como un compañero o seguidor del cura con respecto a los planes de ayudar a don Quijote. A los dos hombres les gusta hablar de los libros de caballería con don Quijote en el principio, y el cura especialmente tiene una afinidad por los libros como los discuten con el ventero y un canónigo además de don Quijote luego en el texto. Pero, cuando aprenden del “daño” que los libros hicieron a la cordura de su amigo, ellos deciden quemar los libros del aposento de don Quijote, con la ayuda del ama y la sobrina; sin embargo, el cura intenta juzgar los libros antes de quemarlos con el barbero, haciendo comentarios en varios libros, incluso uno por Cervantes mismo. Después de encontrar Sancho en la venta, ellos, específicamente el cura, son los que planean las estrategias para convencer a don Quijote que él debe regresar a casa (por disfrazarse como mujer, por hacer Dorotea como la princesa Micomicona, por llevarlo en la jaula, etcétera). Ellos intentan ayudar a su amigo, pero, en el principio de la segunda parte de Don Quijote, es obvio que la “convalecencia” de don Quijote todavía no ha curado su amigo, revelado por las preguntas del cura y el cuento del barbero para probar las reacciones de don Quijote; con Sansón Carrasco, ellos hacen otro plan para volverlo a casa por un desafío del Caballero de los Espejos. Al fin y al cabo, el cura oye la confesión final de don Quijote para administrar la extremaunción, con el barbero allí como testigo.

El cura tiene varios papeles en la obra, más que ser solamente el amigo y el cura de don Quijote. Aunque el barbero también tiene la misma función de ser amigo de don Quijote, él sirve por la mayoría de la obra como un ayudador para el cura. El cura provee un sentido de humor a la obra por ser una cura que se enfoca menos en los asuntos religiosos y más en los mundiales, como la literatura caballeresca y el “bienestar” de don Quijote. Pero el humor y la decepción con el cura es que, aunque su intención por un lado es buena, su preocupación no va por don Quijote mismo sino por otros que pudieran ser como Don Quijote y por sí mismo como su amigo. Él intenta corregir la locura de don Quijote en maneras cómicas que van contra su respetabilidad como un hombre religioso, como quemar los libros caballerescos y pensar en disfrazarse como mujer (Weiger 91). Y es este momento en el aposento de don Quijote donde el humor y los gustos del cura están ilustrados más claramente con sus comentarios en los libros del aposento (Eisenberg 325).  También, cuando ellos quieren que don Quijote regrese a su aldea, le ponen en una jaula porque no lo hace por sus propias maneras (Wardropper, 682). Aquí, aunque tiene la buena intención de sanarle, lo hace con una manera mala.

 

El ama y la sobrina: El ama es una mujer que cuida de la casa de don Quijote y atienda la salud y las necesidades de él también. Cervantes la describe como una mujer que tiene más de cuarenta años (Cervantes 21). La sobrina de don Quijote es una joven que casi tiene veinte años (Cervantes 21) y es la hija de la hermana de don Quijote (Cervantes 516); ella vive con don Quijote también. Cuando don Quijote empieza a hablar de ser caballero andante, ellas tratan de disuadirlo, con preocupaciones por su salud, su estado mental y sus propias reputaciones. Cuando ellas lo acuestan después de su regreso de su primera salida, ellas deciden, con el cura y el barbero, a quemar los libros de caballería en el aposento de don Quijote porque los libros tienen que ver con la pérdida del juico de don Quijote. Al principio de la segunda parte de Don Quijote, ellas todavía están en contra el deseo de don Quijote de ser caballero andante, con el ama pidiendo la ayuda de Sansón Carrasco en disuadirlo y la sobrina manteniendo que los cuentos de caballería son ficticios (Cervantes 516). Después del regreso final de don Quijote, ellas le atienda a su salud y lo disuaden de ser pastor. Aprendemos que el nombre de la sobrina es de verdad Antonia Quijana en el testamento de don Quijote, el que da toda su hacienda a ella con la condición que, si ella quiere casarse, su hombre no debe “[saber] qué cosas sean libros de caballerías” (Cervantes 942); también, por el mismo testamento, el ama recibe un salario por sus servicios fieles además de veinte ducados para un vestido (Cervantes 942).

Por toda la obra, ellas toman en consideración lo mejor para don Quijote cuando los otros amigos no siempre están pensando en la salud física de don Quijote; pero también ellas están considerando sus propias intereses en que ellas se preocupan por la vergüenza que don Quijote trae por sus acciones. Como don Quijote no tiene esposa, estas dos mujeres tienen mucha influencia en él por vivir en la misma casa (Vila 18).  La sobrina tiene más influencia sobre don Quijote porque ella es su pariente sola que lleva la sangre de Quijano (Joset 129). Por eso, don Quijote fía en ella y la deja toda su propiedad cuando hace su testamento.  La relación que don Quijote tiene con ellas sirve como un recuerdo de su identidad como Alonso Quijano y es una razón por qué él decide salir para buscar aventuras (Vila 26).  Ambas mujeres tienen la función de marcar la invención/incepción de don Quijote y la caída en su muerte; es decir, ellas están allí para él por la duración de su busca por su identidad (Vila 26).

 

Sansón Carrasco: Sansón Carrasco es el vecino de don Quijote que conocemos en el segundo capítulo de la segunda parte de Don Quijote. Él es un bachiller que estudió en Salamanca (Cervantes 521) y viene a la casa de don Quijote para hablar con él sobre el libro que ha sido publicado sobre sus aventuras. Cuando el ama lo busca para pedir su ayuda en prevenir la nueva salida de don Quijote. Él, por otro lado, se hace un apoyador de los planes de don Quijote pero con la intención de disfrazarse como el Caballero del Bosque/el Caballero de los Espejos, desafiar a don Quijote en una batalla, vencerlo y mandarle a volver a su lugar.  Combate con don Quijote, y él humilladamente pierde la batalla, y decide a tomar venganza contra Don Quijote.  Cuando combate con don Quijote la segunda vez, esta vez como el Caballero de la Blanca Luna, lo hace por la misma manera, diciendo que el vencido tiene que hacer lo que dice el vencedor. En esa manera Sansón reduce a don Quijote como solamente un hidalgo de la Mancha y es la causa principal en forzar el regreso de don Quijote a su casa. Sansón sirve como el escribano del testamento de don Quijote y escribe un epitafio para él después de su muerte.

Sansón sirve un papel interesante como el que introduce el concepto de la metaficción en la segunda parte de Don Quijote (Muñoz 57). Es el que primera menciona a Sancho la publicación de un libro que describe todas las aventuras de la primera parte y, luego, habla con don Quijote y Sancho por un rato sobre este libro, añadiendo que tal vez sea una segunda parte. Pero, además de servir como “introductor” del libro a la noticia de don Quijote, él es “estimulador” de la nueva salida de don Quijote (Muñoz 69); es decir, él es el personaje que anima a don Quijote a salir y buscar las aventuras otra vez.  Sansón, como el cura, tiene intenciones buenas cuando empieza a ayudar a don Quijote, pero su propósito cambia después de su primera batalla con el caballero. Cuando Sansón está vencido por don Quijote, sale con el propósito de tener venganza en vez de curarle de su sanidad.  Entonces, aunque Sansón es la razón mayor por el regreso de don Quijote a su aldea, simplemente es porque Sansón quiere venganza y no por la pura intención de ayudar a don Quijote (Wardropper 682).